Introducción

El día sábado 14 de diciembre de 1963, se realizó un congreso regional de campesinos en la ciudad de Temuco, organizado por el equipo de campaña de Eduardo Frei Montalva.1 El propósito de la actividad era congregar a todos los trabajadores de la tierra que quisieran aportar en la elaboración programática de la Democracia Cristiana (DC), con miras a la elección presidencial de 1964. Ocho comisiones debatieron y elaboraron propuestas relativas a las preocupaciones del mundo campesino. Posteriormente, una comisión de técnicos se encargaría de incluir ese contenido en la propuesta final del programa de gobierno.

La convocatoria del congreso fue sorprendente. Concentró más de seis mil delegados, e incluso generó algunos problemas de abastecimiento en la ciudad debido a la gran cantidad de asistentes. Se esperaba, en las estimaciones más positivas, la mitad de participantes.

Este artículo analiza la elección presidencial de 1964 poniendo de relieve la novedad que constituyeron algunas prácticas políticas impulsadas por el comando de Frei. Investigaciones previas han explicado el resultado de esta elección presidencial principalmente a partir de dos elementos: el anticomunismo de la denominada “campaña del terror” y lo que se llamó el “Naranjazo” (Arrate y Rojas 2003, 1: 361–374; Casals 2012; Correa 2005, 243–252; Drake 1992; Gil y Parrish 1965; Gustafson 2007; Petras y Morley 1975; Scully 1992; Torres 2014; Valenzuela 2013).2 La “campaña del terror” fue una campaña mediática financiada por Estados Unidos que buscó promover el anticomunismo para evitar la llegada del marxismo al gobierno.3 El “Naranjazo” fue una elección parlamentaria de carácter complementario que se llevó a cabo en Curicó en marzo de 1964, cuyo resultado marcaría una derrota insigne de la derecha en una zona rural que históricamente había tenido votantes más cercanos a las ideas conservadoras. Ante dicha situación, la derecha decidió no participar de la elección presidencial y apoyar electoralmente a Frei, motivada por el peligro que suponía la posibilidad de que llegara un marxista al poder. En consecuencia, se ha considerado que a partir del influjo que tuvo la campaña del terror en la opinión pública y el apoyo de la derecha a la DC luego del Naranjazo, el resultado de la elección estaba ya esclarecido, con un evidente favoritismo para Frei.

Los investigadores han explicado el triunfo de Frei como el resultado de la suma de dos tercios sobre uno.4 Es decir, han dado por sentado que si las cúpulas partidarias de la derecha apoyaron a Frei, sus bases sociales actuaron en concordancia. El problema de esta perspectiva radica en que asume una relación unidireccional entre política formal y sociedad. Además, no toma en consideración que el padrón electoral chileno había sufrido importantes cambios. Las recientes reformas electorales habían generado que el padrón se duplicara (Hamuy 1967), por lo que en 1964 votaron el doble de ciudadanos que en la elección presidencial de 1958 (Navia 2004, 85–87).5 A partir de esa realidad, es difícil pensar que el apoyo de la cúpula partidaria de la derecha y la campaña del terror sean suficientes como factores explicativos del 56 por ciento obtenido por Frei. ¿Qué hicieron los distintos proyectos en competencia para captar la adhesión de esa gran masa de nuevos electores? ¿Ayudan las prácticas políticas desarrolladas en esta elección a entender de mejor manera el proceso político vivido desde entonces por la sociedad chilena?

La propuesta del presente artículo es que en la campaña de la DC se produjo una síntesis entre difusión y elaboración política, que constituyó un elemento sin precedentes en la historia sociopolítica chilena. El congreso campesino aludido en los primeros párrafos del artículo no fue la única actividad de esas características organizada por el equipo de campaña de Frei entre 1962 y 1964. En ese período de tiempo se organizaron una serie de congresos de distintos actores sociales a lo largo y ancho del país.6 El propósito de éstos era comunicar las propuestas de Frei y que los distintos actores sociales participaran directamente de la elaboración programática. Con ello, se fue perfilando una nueva forma de comprender y hacer política que calaría hondo en la cultura política chilena. La promesa de incluir a los marginados en el ejercicio de la política fue el factor distintivo de la DC en la campaña de 1964, así como también de la Unidad Popular en la elección de 1970.

En la siguiente sección se analiza la reconfiguración del sistema político chileno a partir del surgimiento de la DC a finales de la década de 1950. Luego, en las siguientes tres secciones se analizan los aspectos innovadores del proceso de elaboración programática impulsado por Frei y su equipo de campaña. Posteriormente, se revisan los métodos tradicionales de campaña utilizados y los resultados de la elección. Por último, el artículo ofrece brevemente algunas conclusiones generales.

Un nuevo centro político

La elección presidencial de 1964 se enmarca en un proceso de creciente movilización y politización social en Chile. El sistema de partidos políticos que se había configurado para la época, luego de la elección presidencial de 1958, dejaba dos novedades importantes. Por un lado, la gran votación obtenida por Salvador Allende en 1958 otorgaba a la izquierda grandes posibilidades de llegar prontamente al poder. Por otro lado, la sorpresiva votación obtenida por Frei en esa misma elección lo asentaba como un líder político consolidado (Moulián y Torres 1989; Torres 2014, 139–180).

La DC generó un cambio en la concepción del centro político en Chile. Se presentó a sí misma como un centro transformador y no aglutinador, a diferencia del rol que había tenido el histórico partido de centro, el Partido Radical (Fermandois 2005, 298). De hecho, el proceso de formación de la DC se caracterizó por la búsqueda de horizontes ideológicos y prácticas políticas diferentes de las que tradicionalmente habían caracterizado al sistema político.

Ya en 1947, Frei daba muestras de los inicios de un nuevo centro político. Como militante de la Falange, afirmaba que: “el pueblo quiere alcanzar por sí mismo su propia redención y no recibirla de una actitud patronatista y benévola que llega hasta el policlínico o leyes de seguridad social” (Frei 1947, 97). Paulatinamente, los integrantes de la Falange dejaron de comprender el desarrollo del país y la superación de las desigualdades como desafíos propios de las cúpulas políticas. Comenzaron a comprenderlos como problemáticas que el pueblo en su conjunto debía enfrentar, para lo cual los partidos políticos debían ser herramientas al servicio de los sectores populares.7 Las obligaciones de la política eran, según la visión de este nuevo centro ideológico en formación, hacer frente al desafío de interpretar las necesidades de la nación. Solo así podría impulsarse un sistema que permitiera la construcción de una sociedad identificada por la justicia social. Por tanto, la necesidad de abrir espacios de incidencia política para la sociedad civil fue considerada una tarea elemental a la hora de pensar una sociedad distinta. Era uno de los puntos de partida en el desafío emprendido por el catolicismo social de la Falange al plantearse como una alternativa al capitalismo liberal y al comunismo (Fleet 1988; Sigmund 1977, 31).

Tomar en consideración que entre 1958 y 1964 se incorporaron 1,5 millones de nuevos electores —cifra que representaba un 50 por ciento del electorado de 19648— nos permite entender que el resultado de la elección fuera considerado difícil de predecir. Es aquí donde propongo que las prácticas políticas constituyeron un elemento importante para captar al nuevo electorado.

Las distintas fuerzas en competencia comenzaron a delinear sus estrategias con mucha antelación al año de la elección. En ello, la figura sobresaliente de Frei en la DC suponía una diferencia cualitativa con respecto a la derecha y la izquierda (Casals 2012, 306). No había dudas que sería él quien encabezaría al socialcristianismo en la elección de 1964, pues su figura no tenía competencia en términos de liderazgo al interior del partido.9 Este elemento constituye un dato importante. El hecho de tener claro el liderazgo electoral permitió a la DC anticiparse y concentrar sus actividades en la elaboración del programa de gobierno. En 1962 el Centro Coordinador del Plan (CECOP), que aglutinaba a técnicos especialistas en diferentes materias, comenzó a delinear un primer esquema del programa bajo la dirección de Jorge Ahumada y Joaquín Undurraga (Casals 2012, 306). La DC tuvo tiempo suficiente para construir un programa ampliamente apoyado por los sectores técnicos y profesionales, que después fue construido también en base a la participación de distintos actores sociales.

La candidatura liderada por Frei enarboló el lema de “Revolución en Libertad”. Con éste, hacía presente la necesidad de iniciar reformas estructurales en el país, protegiendo al mismo tiempo la democracia liberal de la “amenaza marxista”. Esto configuró el escenario político en lo que después se denominó tres tercios10: la DC buscaba representar un proyecto político distinto al de la derecha y del marxismo, constituyéndose como un partido de centro por el contexto histórico en el que surgió y no por una afición centrista doctrinaria. Esta postura, según sugiere Scully (1992, 193–196), representó un cambio importante en la actitud del centro político chileno, que anteriormente se había caracterizado por los intentos del Partido Radical de establecer un puente entre los dos extremos. El surgimiento de la DC significó el abandono de la política de alianzas entre fuerzas políticas distintas y muchas veces doctrinariamente divergentes, que había caracterizado a la política chilena desde los gobiernos radicales.

Por otra parte, no solamente los aspectos doctrinarios permitieron a la DC posicionarse como la “izquierda democrática”. Durante el gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez el partido tuvo un rol protagónico en el ala opositora, compuesta por la izquierda tradicional y la propia DC (Fermandois 2013, 139). Asimismo, ya en el proceso electoral de 1964, la actitud que tomó la DC respecto de la campaña del terror fue de complicidad y respaldo tácitos. De hecho, el lema de campaña, una “Revolución en Libertad”, buscó potenciar la diferenciación entre una izquierda totalitaria, representada por el marxismo, y una izquierda democrática.

El escenario social y político se caracterizaba también por otro componente importante en materia electoral: la acción social de una parte de la Iglesia Católica como consecuencia del Segundo Concilio Vaticano. Tanto la reforma agraria de la Iglesia, como su despliegue territorial y apego a la defensa de los más desposeídos de la sociedad, marcaron un cambio histórico. Eran muestras de la llegada de una década que algunos historiadores describen como aquella de “aires revolucionarios” (Correa et al. 2001, 226–252). Lo que Scully (1992, 138) denomina “la creciente presencia organizativa de la Iglesia entre los actores sociales y políticos previamente marginados” tuvo un rol significativo en el despliegue territorial que impulsó la DC en campaña. Frei era un candidato católico, que promovía los valores de la doctrina social de la Iglesia y justificaba desde esa perspectiva la necesidad de transformaciones estructurales. Esto le permitía, también, plantear su candidatura en oposición al ateísmo tradicional de la izquierda.

La Iglesia Católica había creado diversas organizaciones rurales y urbanas que tenían por objetivo fomentar la organización popular (Scully 1992, 197–198). En este punto, la influencia del jesuita Roger Vekemans y del pensamiento sociológico fueron piedras angulares para el desarrollo de dichas actividades.11 El partido democratacristiano se constituyó al alero de esa visión eclesiástica y con apoyo de la Iglesia (Huneeus 2003, 127), consolidándose como un partido multiclasista (Grayson 1968; Pinto 1970, 45–46), transformador pero no marxista (Casals 2010, 115). El objetivo del partido era la integración y la superación de la aguda crisis social que vivía Chile. La red de organizaciones de la Iglesia le permitió a la DC llegar a sectores marginales donde otros partidos no tenían la posibilidad de llevar su mensaje.12 El fervor con que la DC emprendía su acción política fue la estrategia utilizada en la composición de un frente multiclasista en búsqueda de la modernización del país.13

La posibilidad de construir un frente multiclasista radicaba en la capacidad que tuviera la DC de elaborar un discurso político que no se centrara en las diferencias de clase, sino que realzara la unidad nacional como un objetivo a alcanzar mediante la práctica política concreta. Con ese objetivo, este nuevo centro se caracterizó también por ofrecer una definición particular de la identidad nacional, que permitió la existencia de un discurso que hizo sentido en diversas franjas sociales del país. La unidad nacional y la necesidad de que desde la diversidad se abogara por “el bien común”, fueron cuestiones que marcaron el surgimiento de un concepto particular de nación, y la presentación del proyecto democratacristiano como uno multiclasista.

La elaboración programática

El proyecto político liderado por Frei fue novedoso al pretender que los técnicos y trabajadores trabajaran de la mano en el cumplimiento de las reformas propuestas. Por ese motivo, es relevante visitar el proceso de diseño y configuración de una campaña que lograría importantes grados de adhesión en la sociedad, al complementar las actividades netamente electorales con otras de construcción programática.

Un primer elemento característico de la campaña tuvo relación con el concepto de planificación indicativa, que en la época gozaba de especial legitimidad debido al estructuralismo económico que existía en Chile y el mundo. En esa corriente destacaban Álvaro Marfán y Jorge Ahumada, quienes tuvieron un rol fundamental en la campaña de 1964. Marfán había trabajado durante veinte años en la Corporación de Fomento de la Producción, donde creó el departamento de planificación, que posteriormente sería conocido como ODEPLAN (Oficina de Planificación Nacional). Perteneció a una generación que estuvo marcada por su intención de “proyectar” Chile “en el futuro”.14 Además, fue uno de los principales promotores del trabajo de organización y preparación previo al gobierno democratacristiano por parte de los técnicos, pues consideraba necesario que “cuando Frei comience sus tareas de Gobierno, encuentre en su mesa de trabajo todos los proyectos, todas las leyes, todos los decretos, prácticamente listos, estudiados y listos para ser promulgados”.15 De esta manera, la importancia de la planificación indicativa y del alto nivel del equipo técnico que asesoró a Frei radicaba en que permitía no improvisar al llegar a La Moneda, sino aplicar una agenda ya madurada. Todo debía ser parte de una “planificación total” hecha con anterioridad a la llegada al gobierno.

Por su parte, Ahumada (1958, 1966) era uno de los que postulaba que el país estaba siendo afectado por una “crisis integral” de carácter económico, sociopolítico y cultural. Respecto al carácter sociopolítico y cultural de la crisis, Ahumada consideraba como factor central el ínfimo grado de incidencia que tenían los miembros de la sociedad respecto de las decisiones en torno a su propia comunidad, cuestión que tenía dos consecuencias importantes. En primer lugar, una crisis de representación resultante de la gran concentración de poder en las élites dominantes, y en segundo lugar una crisis de solidaridad, a partir de la cual se entendía la política como la mera defensa de intereses corporativos y no del bien común de la comunidad política en su conjunto. Además, para Ahumada (1966, 30) el exceso de ideologización producía la existencia de “versiones deformadas de la realidad que crean más conflictos de los necesarios e inevitables”.

Ante tal diagnóstico, Ahumada proponía la necesidad de atacar las problemáticas sociales sin el sesgo de defensa de privilegios de las élites, ni recurriendo a su arrinconamiento violento. Buscaba hacer ver a los distintos grupos de interés que muchos de sus conflictos eran auto-creados, y que si pudiera hacerse política en base al desarrollo conjunto de la sociedad, la superación de la desigualdad era posible y conveniente para todos. Un desarrollo nacional armónico permitiría efectivamente alcanzar la justicia social. Por ello, consideraba que la organización y participación de los sectores excluidos era uno de los desafíos más importantes del movimiento liderado por Frei. De hecho, Ahumada (1958, 23–27) consideraba que parte fundamental del cambio que requería Chile radicaba en la necesaria “formación de una conciencia cívica”. Se combinaba la planificación integral del desarrollo de la sociedad con la importancia de que la justicia social fuera un logro de todos y no solamente de unos pocos. Así explicaba la DC su intento por generar un vínculo entre la identidad nacional, los aspectos técnicos y el impulso de la participación directa de la sociedad civil en la elaboración del programa de gobierno que se presentaría para la elección de 1964.

Luego que el CECOP elaborara algunos lineamientos fundamentales de lo que debería constituir un potencial gobierno de la DC, tuvo lugar el primer hito significativo del largo proceso de construcción y difusión programática que impulsó el partido: el “Congreso de Profesionales y Técnicos Demócratas Cristianos e Independientes”. Este congreso fue organizado desde mayo de 1962 y se realizó los días 6, 7, 8 y 9 de diciembre del mismo año, con la participación de 1.381 técnicos y profesionales de todo el país que delinearon diferentes líneas programáticas fundamentales.16 El congreso nacía desde un diagnóstico que sugería que luego del exponencial crecimiento electoral experimentado por la DC desde 1958, “se hacía indispensable programar las bases de la política que ella pondrá en obra desde el Gobierno”.17 Con prácticamente dos años de antelación, la DC ya enfocaba sus esfuerzos en la construcción de un programa altamente legitimado por la participación de un vasto equipo de técnicos y profesionales.

El congreso de técnicos y profesionales fue planteado por los falangistas con dos objetivos fundamentales. Por un lado, la necesaria legitimación de un programa de transformaciones de claro sello cepaliano por parte de la “gran mayoría de los técnicos y profesionales de mayor renombre en el país”. Por el otro, si bien se consideraba fundamental el rol de los expertos, también era importante que los objetivos fueran logrados en base a la participación y trabajo conjunto de todos los componentes sociales –tales como hombres y mujeres de trabajo, jóvenes, técnicos, profesionales, artistas y políticos. Una vez que se tomaran las resoluciones correspondientes en dicho “torneo”,18 se impulsaría una serie de congresos que darían profundidad, concreción y retroalimentación a lo ya trabajado en esta primera jornada. Luego, las conclusiones de los distintos congresos serían condensadas en lo que se denominaría la “Convención Nacional del Pueblo de Chile”, de la cual saldría el programa final.

El congreso de técnicos y profesionales es clave a la hora de comprender cómo fueron configurándose las prácticas políticas impulsadas por la DC. La elaboración de un programa de gobierno a partir de una convocatoria abierta a técnicos democratacristianos e independientes, constituye un elemento significativo pues implica la inclusión de independientes en la decisión de cuáles debían ser los elementos centrales de un potencial gobierno. Esta inclusión, sin duda, causaba un interés especial que podemos corroborar por la masividad lograda tanto en esta como en otras actividades similares. El congreso de profesionales y técnicos fue el primer hito de una serie de prácticas políticas novedosas que ayudan a comprender el posterior triunfo de Frei. Su masividad, así como también la influencia que tuvo respecto del contenido del programa final, no deben pasar desapercibidas en un análisis que pretenda enriquecer la comprensión de esta elección teniendo presente su profunda complejidad.

La convocatoria estaba dirigida explícitamente a toda persona que se sintiera llamada por un proyecto político que pretendía llevar a cabo las transformaciones sociales que Chile requería sin vincularse con el marxismo.19 Esta incorporación de los diversos sectores de la sociedad a la elaboración del proyecto era una forma de validar y legitimar a Frei y su futuro gobierno. En ello, la adhesión que causaba el candidato fue fundamental (Moulián y Torres 1989). Incluso, llevó a construir un segundo lema de campaña, que sería: “el gobierno nacional y popular de Eduardo Frei”. Este lema evitaba una vinculación directa del candidato con la DC, de tal manera que hiciera factible una convocatoria más amplia (Fleet 1985, 64–68).20

El congreso fue considerado por parte del círculo cercano a la candidatura, como una actividad “sin precedentes en la vida de los partidos políticos chilenos”.21 El eje convocante de la actividad estaba en la confianza de que la superación de la injusticia podía lograrse en base a una estrecha articulación entre los técnicos y los demás actores sociales, valorando sus distintas perspectivas de análisis y aportes. Se estudiarían “las reformas que deben ponerse en práctica en nuestro país, antes de que se desplome una estructura caduca, anacrónica y torpe”.22 De esta manera, la elaboración de soluciones a las diversas problemáticas que aquejaban a Chile era vista como necesariamente colectiva, rechazando —al menos discursivamente— todo tipo de paternalismo. Por cierto, ello no significaba dejar de resaltar la presencia de gran parte de los “más destacados técnicos del país”, lo que otorgaba al programa propuesto una legitimidad social particular. Fueron veintidós comisiones las que trabajaron en el congreso de profesionales y técnicos. En ellas se discutió en base al contenido del denominado “Libro Azul”, texto que condensaba la línea programática central, y que había sido elaborado por doscientos técnicos.23

Este congreso fue la primera manifestación de un diseño de campaña que puso en el centro la necesidad de apuntar a las problemáticas concretas que aquejaban a la sociedad.24 Los congresos posteriores también fueron provechosos en términos electorales puesto que, además de las encuestas, entregaban insumos valiosos a la hora de determinar qué temática era la de mayor interés para tal o cual grupo social. Esto era aprovechado por Frei, que en sus giras resaltaba problemáticas locales vinculándolas con el proyecto de sociedad que quería llevar a cabo. En este sentido, la campaña tomó una actitud más propia de un movimiento que de un partido político con bases doctrinales fijas.25

El diseño de campaña no era aprobado por toda la dirigencia del partido. Había quienes no estaban del todo contentos con que la campaña se vinculara más con un proyecto “nacional y popular” liderado por Frei que con la DC como organización partidaria (Sepúlveda 1996, 46). Veían en ello el motivo de que por momentos la campaña traicionara los postulados ideológicos de la DC. Así, comenzaban a evidenciarse algunas tensiones entre el círculo de confianza de Frei y otros grupos de su partido.

La Convención Nacional del Pueblo

La “Convención Nacional del Pueblo de Chile” era presentada públicamente afirmando que la DC era la “auténtica intérprete de la voluntad mayoritaria del pueblo de Chile”.26 Dicha afirmación se apoyaba en el éxito que había tenido el partido en las elecciones municipales, estudiantiles, gremiales, poblacionales y sindicales durante 1963.27 El llamado era a sumarse al proyecto liderado por Frei, participando en los diferentes frentes de acción que posteriormente tendrían la labor de comunicar el contenido programático a la sociedad. Se crearon el Frente Nacional de Mujeres, el Frente Nacional de Pobladores, de campesinos, de artistas e intelectuales, de juventudes, entre otros, que tendrían presencia en todo Chile y cargarían en sus espaldas parte fundamental de la campaña.

En la convención podría participar todo ciudadano que tuviera participación en la dirigencia de alguna organización social. El objetivo era “pronunciarse a través de un plebiscito amplio sobre cada uno de los puntos del Programa Presidencial de Gobierno”28 que habían sido construidos de manera participativa. Para tales efectos, especialistas en los diferentes temas harían exposiciones de las distintas materias que componían el programa. Por último, la convención terminaría con la proclamación de la candidatura de Frei a la presidencia de Chile.

Si bien la convención no se realizó, debido a que se decidió convertirla en lo que luego sería la “Marcha de la Patria Joven”, el proyecto sí fue relevante, debido a que fue el diseño primario y director del accionar de la DC entre 1962 y 1964. La convención era el punto de llegada que explicaba el porqué de los diferentes congresos y torneos que se realizaron en todo el país en ese marco temporal.

El desafío electoral era comprendido como uno que desbordaba con creces al propio partido. Como dijera el entonces Presidente de la DC, Renán Fuentealba: “Desde el mismo momento en que Eduardo Frei ha sido designado candidato, su nombre se convierte en un símbolo que sobrepasa los límites partidistas y la Democracia Cristiana, a cuyas filas pertenece, pasa desde hoy a formar parte de un vasto y amplio movimiento nacional y popular, independiente de todo compromiso, libre de presiones internas o externas, cuya única meta es servir al pueblo y servir a Chile”.29

La campaña de Frei buscaba apelar a lo nacional y popular como elemento diferenciador del discurso de la izquierda, que tenía mayor vínculo con los trabajadores en particular. Difundió un discurso que identificaba a una ciudadanía necesitada de esperanzas y no de imbricadas y conceptuales “críticas sociales” invitando a dar un “paso al vacio”. El alentador resultado obtenido en las elecciones municipales de 1963 había sido un indicador: Frei tenía que ser proclamado con la participación de “todos los hombres y mujeres de nuestra patria, cualquiera sean sus creencias o su ubicación partidista, o condición social, trátese de campesinos, pobladores, trabajadores, agricultores, industriales, entre otros, que hicieron posible esta postulación”.30 Así, la DC dejaba hecha la invitación a la ciudadanía a participar de la convención del pueblo, dejando en claro que la participación de la sociedad civil en la elaboración de su proyecto político era condición de posibilidad para su posterior realización.

Congresos de elaboración programática: La participación de los actores sociales

El diseño de campaña comprendía, como he dicho antes, diversos congresos que no dejarían de llevarse a cabo hasta muy cerca de la elección. Para que en esos torneos los actores sociales se sumaran efectivamente a la elaboración del plan de gobierno, el rol de los técnicos volvía a ser fundamental. Ellos eran los encargados de enviar documentos y extractos del programa ya elaborado en el congreso de profesionales y técnicos, para que fueran analizados y problematizados en los congresos de actores sociales. También, en un segundo momento, los técnicos eran los encargados de recibir los aportes que pudieran resultar de cada instancia de elaboración programática, ver su congruencia o no con las líneas generales del proyecto, y analizar la posibilidad de incluirlos en el programa final.

Se realizaron al menos treinta congresos a lo largo y ancho del país enfocados en diversas temáticas. Cada uno de ellos suscitó un impacto considerable en la localidad en que se desarrolló y constituyó una novedad significativa en la política chilena. Por primera vez la elaboración de un programa de gobierno era encarada de manera participativa, permitiendo que la ciudadanía se apropiara y participara de su creación. A este respecto, es importante resaltar que por primera vez en Chile una campaña electoral apeló a la ciudadanía no solamente como público, sino también como actor fundamental en la construcción del proyecto de la “Revolución en Libertad”.

Algunos de estos congresos fueron el de mujeres efectuado en Valparaíso, el de la juventud que se llevó a cabo en Santiago, el de campesinos realizado en Temuco y el de pobladores, que también tuvo lugar en Santiago. He optado por hacer referencia a estos torneos en particular porque representan congresos de los grupos sociales que constituían el objetivo de la campaña DC.

El Congreso Nacional de Mujeres, realizado en Valparaíso entre el 23 y 25 de agosto de 1963, fue el primer congreso de éstas características que se haciera en Chile. Según se dijo, habrían asistido mujeres representantes de diversas localidades del país.31 El objetivo del torneo era el mismo que el de todas las actividades de este tipo, a saber, exponer, reflexionar y discutir en torno a las temáticas que las asistentes identificaran como los problemas de la mujer, para luego proponer soluciones que pudieran ser agregadas al plan de gobierno. Este congreso se inició con un acto masivo en el teatro municipal de Viña del Mar. Luego, sus diez comisiones sesionaron en el casino municipal de la misma ciudad. Como actividad de cierre se hizo una proclamación a Frei en el teatro Victoria de Valparaíso.

El único requisito para participar era ser mujer, sin importar si participaba de alguna organización, su ocupación o posición social. Esta amplitud de la convocatoria fue explotada hábilmente por las organizadoras. Mimí Marinovic, quien fuera secretaria de prensa y propaganda del congreso, afirmó que “la Democracia Cristiana escucha la voz de todos, por eso ha sido capaz de dar una línea popular a sus actuaciones. El nuestro es un nuevo estilo”.32 Esa forma de referirse al congreso permitía a la organización no dar cuenta de la efectiva pluralidad de las asistentes, sino poner énfasis en la amplitud de la convocatoria. En la ocasión se alcanzaron una serie de acuerdos respecto a diversas temáticas. Además, hubo gran insistencia mediática en que el proyecto de Frei era el único que valoraba realmente la participación de las mujeres.

El II Congreso Nacional de la Juventud se realizó los días 1, 2 y 3 de noviembre del 1963. Este congreso estuvo marcado por un importante proceso de preparación. La comisión organizadora, liderada por el presidente de la Juventud Demócrata Cristiana, elaboró un temario de los problemas a los que se enfrentaba la juventud. Ese temario sería posteriormente la base de la discusión en los diversos congresos regionales de la juventud que se realizaron como preparación del congreso nacional. Finalmente, el 1 de noviembre llegaron siete mil jóvenes, lo que obligó a dividir el trabajo en comisiones en tres locales distintos. El congreso culminó con un acto de masas en el teatro Caupolicán, en donde Frei resaltó que la mayoría de los asistentes no era universitario, sino campesinos, obreros, empleados y estudiantes secundarios.33 Asimismo, el candidato puso énfasis en que una de las tareas fundamentales que tenía el proyecto que lideraba era dar espacios para la juventud que, en la medida que representaba el 50 por ciento del total de la población, obligaba a un Estado de transformación a incluirla en sus políticas.

Algunas de las resoluciones alcanzadas en este congreso fueron la necesidad de que los trabajadores participaran en la economía a través de la propiedad directa de los medios de producción y de la dirección o cogestión de los representantes obreros, empleados y técnicos. Se habló también de la importancia de democratizar la enseñanza, que entendían como la única forma de que las clases populares elevaran su nivel de vida. Por último, dentro de las conclusiones encontramos también la necesidad de que los jóvenes se agruparan por sectores en las ciudades y en el campo, con la misión de divulgar el programa de gobierno.

Ya en marzo de 1964, precisamente los días 8, 9 y 10, se realizó en Curicó un Congreso Regional de Campesinos, que contó con la participación de alrededor de ocho mil personas. Este congreso, que se hacía en el marco de la campaña complementaria de dicha zona electoral —posteriormente denominada el “Naranjazo”—, produjo un importante impacto. No sólo por la alta participación alcanzada, sino también porque en él se sentaron las bases de lo que sería el Movimiento de Liberación Campesina. En la clausura del torneo, Frei afirmó que debía ser una organización gremial que no solamente defendiera los derechos de los campesinos ante las autoridades y particulares, sino que también el organismo mediante el cual los campesinos pudiesen participar de todas las medidas que impulsara el gobierno en relación a la agricultura y a los trabajadores de la tierra.34

Por último, otro actor previamente excluido que tuvo instancias de participación en la elaboración del programa fueron los pobladores. En Santiago, los días 1, 2 y 3 de mayo del 1964, se realizó un “Congreso Provincial de Pobladores”, que fue difundido a partir de lo que se consideraba la línea fundamental de la “izquierda democrática”, es decir “la participación del pueblo organizado en la gestación del gobierno popular”.35 En el cierre el presidente del congreso, Tadeo Ascencio, afirmó que si bien la finalidad de ese tipo de instancias era pedir soluciones a diversas problemáticas, era importante también asumir el desafío de la necesaria organización popular para cooperar en su implementación. El torneo era comprendido por Ascencio no solamente como una instancia en la cual la política escuchara a la ciudadanía para satisfacer sus necesidades, sino también como el momento en el cual se fijaba la necesidad de una organización social constante que permitiera a la sociedad civil participar del gobierno que lideraría Frei.

Algunas de las conclusiones del congreso fueron la necesidad de comprender la vivienda como un derecho, el compromiso de construir escuelas, principalmente técnicas, a la vez que la necesidad de que hubiera policlínicos y hospitales en todo lugar poblado. También se propuso que las juntas de vecinos tuvieran existencia legal, y la creación de cooperativas de consumo en las poblaciones como una herramienta de abaratamiento del costo de la vida.

En definitiva, la candidatura de Frei estaba considerando a la ciudadanía como actor fundamental para la elaboración e implementación de su proyecto —al menos en apariencia—, a la vez que como “público” votante. Los congresos de actores sociales, de los cuales he tomado algunos ejemplos, jugaron un rol importante por representar la primera experiencia en Chile de este tipo de instancias de democratización de la política formal y profundización del ejercicio de la ciudadanía. La inclusión con participación fue una característica distintiva de la campaña electoral que llevó a cabo la DC.

La promoción de nuevas prácticas políticas no solamente fue fundamental para el triunfo de Frei en 1964, sino que además resulta crucial para entender el proceso que tuvo lugar en Chile hasta 1973. Esta particular concepción de la política permitió en su seno la participación de sectores populares, constituyendo un punto de encuentro para ciudadanos de orígenes, culturas y formas de vida considerablemente diferentes. Las prácticas políticas aquí analizadas constituyeron una innovación importante respecto a los vínculos entre sociedad civil y sociedad política, contribuyendo a que las materias de interés público fueran elementos de preocupación y participación de sectores antes excluidos de la política.

Un análisis sociológico de estas actividades puede interpretar esta inclusión como una forma de tutela o “apaciguamiento” de las masas populares ante el miedo a una ruptura. De hecho, es posible decir que estas nuevas prácticas políticas se enmarcan en un proceso de inclusión controlada (Oxhorn 1998). Además, esta campaña muestra un aspecto característico de la política latinoamericana, que a partir de los altos índices de desigualdad y la consecuente heterogeneidad de la estructura social (Oxhorn 1998), se ha caracterizado por intentar agrupar diversas demandas no necesariamente congruentes entre ellas. Este tipo de análisis tiene asidero en este proceso puntual. Al comparar el contenido discursivo de la campaña con la práctica política que caracterizó al posterior gobierno de la DC, queda de manifiesto que no se llevó a la práctica la inclusión efectiva de los actores sociales en la toma de decisiones del Estado. No obstante, lo que busco relevar en este artículo es que una vez incluida la masa popular en la arena política, difícilmente ésta aceptaría volver a la exclusión en la que había estado hasta el momento. De hecho, fue necesario un golpe de Estado y una larga dictadura para quebrar las prácticas de asociación que habían marcado la década anterior.

Simbólicamente, la participación directa de la sociedad civil en la construcción del plan de gobierno tendría consecuencias sociopolíticas que repercutirían en el gobierno de 1964–1970 y en la elección de Allende como presidente en 1970. Esto se refleja en la pérdida de adhesión que sufrió el gobierno democratacristiano y la misma DC. Los actores sociales que se habían incorporado con entusiasmo a las instancias de construcción programática participativa, vieron que dichos modelos de deliberación y decisión democráticas no se replicaron en las políticas impulsadas por el gobierno. Asimismo, el esfuerzo reformista de la DC fue considerado insuficiente. Por ese motivo, parte importante de la masa de nuevos electores captados inicialmente por Frei fue virando hacia los partidos de izquierda. La estrategia de campaña de la Unidad Popular en 1970 adoptó algunas de las herramientas de campaña que aquí he analizado, y prometió una mayor democratización del poder político y una profundización de las reformas. En tal sentido, las nuevas prácticas políticas impulsadas por la DC en 1964 ayudan a comprender de mejor manera el desenvolvimiento de la política chilena entre 1964 y 1973, así como la irrupción de la sociedad en la política durante esos años.

Los métodos tradicionales de campaña y los resultados

Una campaña electoral de las dimensiones de la impulsada por la DC requería un despliegue territorial de alto impacto. Si bien en la época ya había una cultura de masas enraizada en la sociedad, los medios de comunicación no tenían un campo objetivo demasiado extenso. Por ello, los mecanismos de construcción de opinión pública eran en gran parte frutos de la cotidianidad. Por ese motivo, las campañas electorales eran diseñadas pensando en la cercanía que podía lograr el candidato con el electorado. Para los miembros del comando de Frei la mejor forma de palpar la recepción que cada candidato tenía en la ciudadanía era la capacidad de convocatoria en los actos masivos.36 Ese era el mecanismo para saber qué tanta adhesión generaba el mensaje en la sociedad.

La campaña de la DC tuvo como objetivo central generar una apropiación del proyecto político por parte del electorado. En ello, no solamente la participación directa de los actores sociales resultó fundamental, sino también la cercanía con la ciudadanía que identificó a Frei. La agenda del candidato democratacristiano estuvo marcada por frenéticas jornadas de discursos, visitas a las distintas fábricas, tés con mujeres de diferentes localidades, participación en las jornadas finales de los diversos torneos que se iban realizando, y en definitiva de un contacto directo con la gente. En esto, su capacidad de hablar de la utopía que lo impulsaba a presentarse como candidato a partir de las condiciones de realidad de aquellos que le escuchaban, resultó ser un elemento fundamental.

Un ejemplo de lo anterior lo podemos encontrar en el discurso de Frei en la clausura del congreso nacional de mujeres al que me referí en el apartado anterior. En él, afirmaba:

La mujer es la que sufre las consecuencias de las violencias sociales. Quiere paz; quiere justicia. No una justicia con una gran J y un gran discurso. Ella ve la justicia cuando ve pasar a un niño feliz, con todas las oportunidades y en el silencio de su corazón de madre piensa en su hijo flaco y sin porvenir. Ella quiere justicia porque quiere que su patria le dé a su hijo no una ventaja, pero sí la misma oportunidad que a todos los niños de Chile. ¿Puede pedir menos? […] Pide cosas sencillas, pide paz, pide justicia, pide un hogar decente donde vivir […] Pide trabajo.37

En este discurso, Frei pone acento en que la entrada de la mujer a la política no era meramente para “pedir pequeñas cosas para sí misma”. Caracteriza a las mujeres como un actor político movido por la justicia y su rol de madres de la nación. Esto demuestra cómo entendían Frei y la DC el rol de las mujeres en la sociedad. Al simbolizarlo como un rol de madres, constituye una apelación despolitizada a las mujeres que proyecta y perpetúa una división heteronormativa de los roles en la sociedad. También, las separa de las discusiones ideológico políticas y las configura como un actor pasivo y potencialmente receptivo de la campaña del terror que difundía que la llegada del marxismo implicaría una amenaza a las familias. En definitiva, apelaba a las mujeres, “madres de la nación”, como las grandes defensoras del statu quo y por tanto opositoras al marxismo. Esta estrategia tuvo un importante resultado, puesto que le permitió obtener la mayor votación femenina que cualquier candidato hubiere obtenido hasta la fecha (Power 2008, 951).

Haciendo referencia a situaciones que atañían directamente al actor en cuestión, Frei lograba realzar la necesidad de una reforma educacional, de una reforma habitacional y de reformas laborales que permitieran la consolidación de un país con oportunidades para todos.38 También, deslizaba de soslayo una crítica al discurso marxista. Sugería que más que preocuparse por la mejora concreta de las condiciones de vida de las mujeres, ponía más acento en “una gran J y un gran discurso”. Así, establecía una diferenciación clara respecto de la campaña que estaba impulsando el comando de Allende que, al abusar de discursos “doctrinarios” y “abstractos”, lograba buena recepción por parte de quienes ya tenían una clara posición ideológica, pero no de la gran masa que estaba recién sumándose a la política (Sepúlveda 1996, 45–47). La oratoria cercana y simple en su elaboración de contenido, permitía a Frei aumentar las probabilidades de que quien escuchara se sintiera identificado y llamado a participar.

La Marcha de la Patria Joven fue el reemplazo de lo que antes se pensó como la convención del pueblo (Casals 2012, 392). El día 21 de mayo, fecha conscientemente concordante con las “glorias de la patria”, se inició una marcha desde Arica y Punta Arenas de manera simultánea, que tenía como destino Santiago. En base a un sistema de postas, los jóvenes recorrieron todo Chile convocando a otros jóvenes a sumarse en el camino, para llegar finalmente a una gran concentración en el Parque Cousiño de Santiago. Esta iniciativa resultó ser un verdadero éxito, logrando un importante impacto en la opinión pública y en cada localidad por la que pasaba. El 21 de junio, un mes después de iniciada la marcha, se llevó a cabo el acto de clausura, al cual habrían asistido más de 300 mil personas. Fueron cuatro columnas las que llegaron por diferentes sectores al parque. Cada una de ellas fue denominada con un nombre que hacía referencia a la identidad nacional, como Cruz del Sur, Guerrillero Manuel Rodríguez, Condor de los Andes y Roto Chileno. En el parque ya había miles de ciudadanos que habían asistido a presenciar este épico hito de compromiso político, y vitorear a los “jóvenes héroes”.

El discurso pronunciado por Eduardo Frei en esa ocasión constituyó el punto culmine de la estrategia de campaña. Estuvo compuesto por un marcado componente nacionalista que buscaba la cohesión de la diversidad presente en la sociedad chilena, sin exclusiones. También, contuvo tintes épicos al resaltar la profundidad de los cambios y transformaciones que dicha diversidad unificada debía impulsar. El desafío era la transformación integral; una refundación del país —por eso la utilización del concepto “patria nueva”— para lo cual la participación de la ciudadanía era fundamental. El discurso de la patria joven buscó resaltar que este movimiento nacional y popular estaba detrás de un candidato y no meramente detrás de un partido político. De hecho, como vimos más arriba, ese había sido uno de los objetivos del comando durante la campaña: proyectar a Frei como un líder nacional y no solamente partidario.

Los resultados de la elección fueron contundentes. Por ejemplo, en la zona Sur Frei le ganó a Allende en O’Higgins, Curicó, Talca, Maule, Linares, Bio-Bio y Valdivia, entre otras provincias. La votación de Frei experimentó en muchos casos un aumento del triple respecto de lo obtenido por el mismo Frei en esas provincias en 1958 (Urzúa 1992, 592–603). En tal sentido, es evidente que no es posible explicar su triunfo simplemente por el apoyo electoral de la derecha o por la campaña anticomunista —al menos no si consideramos la magnitud de la votación alcanzada. La inmersión social en las zonas rurales y campesinas, sumada al despliegue realizado por el equipo de campaña en general y por el candidato en particular, dio sus frutos en términos electorales, logrando captar a buena parte de los nuevos electores.

En definitiva, “la Democracia Cristiana exhibió un fervor y una capacidad de movilizar entusiasmo popular —ya que extraía votos de todos los sectores sociales— que, antes que al dinero de la CIA, se debía al trabajo paciente y cargado de misticismo político” (Fermandois 2013, 140). Las prácticas políticas impulsadas por la DC tuvieron un papel importante en el resultado de la elección de 1964. Soslayar su impacto y novedad, implica no ver un factor fundamental para entender el resultado, y también para comprender el proceso vivido por la sociedad chilena desde el inicio de la década de 1960 hasta 1973. No es posible explicar la mayoría absoluta obtenida por Frei en 1964 únicamente por el apoyo de los Estados Unidos y de la derecha. El proyecto de la Revolución en Libertad tuvo la capacidad de movilizar grandes cantidades de gente, lo que da muestras de la base social que fue capaz de construir entre 1962 y 1964.

Consideraciones finales

La elección presidencial de 1964 puede situarse como un punto de inflexión en el desarrollo social y político de Chile. El explosivo aumento del universo electoral hacía impredecible su resultado. También, fue la primera y única vez en la historia de Chile que triunfara un proyecto político liderado por un solo partido (Fleet 1985, 83; Garretón 1992), y fue la primera vez que la DC alcanzó el gobierno en América Latina (Collier y Sater 1998, 265). Además, la elección tuvo a dos proyectos con un carácter al menos reformista en competencia. Y, por último, se generaron importantes innovaciones en cuanto a las prácticas políticas impulsadas en la campaña.

Este artículo no ha pretendido negar el efecto del apoyo de la derecha y de la campaña del terror en el resultado electoral de 1964. Por el contrario, demuestra que una interpretación que comprenda solamente esos elementos, estará dejando de lado un factor que permite entender, entre otras cosas, el alto grado de afección política que existió en la época. Las prácticas políticas impulsadas por la DC tuvieron implicancias en la forma de hacer política durante la década de 1960 y comienzos de la de 1970.

La campaña de la DC constituyó una novedad por el tipo de elaboración programática que impulsó y por la forma en que se utilizaron las estrategias tradicionales de campaña. Que la elaboración del programa de gobierno se hiciera de manera abierta y participativa, buscando el mayor arraigo popular posible, constituye una apertura significativa de espacios de participación e incidencia de la sociedad en la política. Los congresos de actores sociales tenían por objetivo la difusión de un programa base ya dado, pero también el enriquecimiento del mismo. En ese sentido, constituyen una estrategia de campaña que logra hacer una síntesis entre difusión y elaboración política. Por primera vez una fuerza política chilena sentaba las bases de lo que sería su gobierno a partir de la inclusión e incidencia de la ciudadanía. Esto permitió que la política se comprendiera como una actividad inherente a todo ciudadano y no privativa de las élites.

Las actividades tradicionales de la campaña, como la Marcha de la Patria Joven, dieron también un componente de fervor y atracción importantes al candidato y el proyecto que difundía. La masividad de las distintas convocatorias causaba revuelo desde un comienzo, pero al estar todas unidas en un plan que terminó en una gran marcha liderada por jóvenes y que recorrió todo el país, dieron forma a una estrategia político electoral que no tenía precedentes en Chile. Sin ir más lejos, la convocatoria final, la marcha de la Patria Joven, fue la concentración política de mayor masividad que hubiera existido hasta el momento.

La capacidad del candidato y su equipo de campaña de configurar un discurso político cercano al sentido común le permitió alcanzar mayores condiciones de audibilidad en la sociedad que los de su adversario. Esto último es relevante, toda vez que la estrategia de campaña tuvo como uno de sus objetivos centrales generar un movimiento social y político en torno a Frei, más que en relación a la DC. En ese sentido, permitió que los adherentes no necesariamente tuvieran compromisos ideológicos o doctrinarios con un partido, sino que con un candidato, su proyecto, y su forma de plantear la necesidad de impulsar reformas estructurales con los actores sociales.

En las elecciones parlamentarias posteriores a la elección de 1964, la DC logró un 42,3 por ciento de los votos a nivel nacional. Esa cifra no solamente es la más alta que haya conseguido en toda su existencia, sino que está muy por sobre el tercio que superficialmente debía corresponderle. Es claro, entonces, que una interpretación que comprenda la complejidad del proceso electoral de 1964 no puede basar su explicación de los resultados en la mera suma de dos tercios, centro y derecha, sobre otro, izquierda.