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Anthropology

Del soldado ideal al combatiente real: Una aproximación a las narrativas sobre la profesionalización militar en Colombia

Authors:

Ana María Forero Angel ,

Universidad de los Andes, CO
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Simón Mateo Ramírez,

Universidad de los Andes, CO
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Federico Álvarez

Universidad de los Andes, CO
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Abstract

This article examines the coexistence of different narratives about the Colombian Army, specifically the Professional Soldier Academy (ESPRO), founded to offer a center of excellence for training Colombian soldiers. All narratives reveal different ways of understanding soldiers’ professionalism. This article shows how the narrative of ESPRO builds the ideal fighter and discusses the established link with the past of Colombian independence, specific functions of the academy, and soldier education. It also shows how soldiers understand the concept of a professional soldier and different aspects of their learning. The article takes an ethnographic approach to expand the understanding of the Colombian Army and is based on fieldwork developed in 2016 at ESPRO.

 

Resumen

Este artículo examina cómo en el Ejército Colombiano, específicamente en la Escuela de Soldados Profesionales (ESPRO), fundada con el objetivo de profesionalizar a los soldados colombianos, coexisten diferentes narrativas en las que adquiere vida el proceso educativo militar. Este artículo muestra cómo en ellas se construye el guerrero ideal, cómo esta construcción tiene un vínculo con el pasado independentista y cómo, se da vida a las funciones de la ESPRO y a los medios usados para educar a los soldados. Nos ocuparemos también de cómo los soldados, exalumnos de la Escuela, definen la profesionalización. El artículo se basa en una investigación etnográfica conducida en el 2016 en la ESPRO, financiada por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, Colombia.

How to Cite: Forero Angel, A. M., Ramírez, S. M., & Álvarez, F. (2021). Del soldado ideal al combatiente real: Una aproximación a las narrativas sobre la profesionalización militar en Colombia. Latin American Research Review, 56(1), 155–167. DOI: http://doi.org/10.25222/larr.775
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  Published on 09 Mar 2021
 Accepted on 04 Nov 2019            Submitted on 19 Oct 2018

En este artículo daremos cuenta de cómo en el Ejército Nacional de Colombia, específicamente en la Escuela de Soldados Profesionales (ESPRO), fundada en el año 2000 con la intención de ser un centro de excelencia en la formación de los soldados de Colombia, conviven diferentes narrativas en las que se ponen de manifiesto las distintas maneras de concebir la profesionalización militar. En la ESPRO se forman los soldados profesionales colombianos, es decir, los de más bajo rango. A ella llegan soldados que ya hayan tenido experiencia en el área de combate y que quieran perfeccionar sus conocimientos.

Ocuparse de las narrativas que definen la profesionalización de los soldados resulta de vital importancia para ayudar a avanzar en la comprensión de la imagen del mundo militar (Wittgenstein 2014, SC 94) colombiano,1 es decir, para avanzar en la comprensión del trasfondo sobre el que los soldados construyen sus incuestionables: los telones de fondo sobre los que distinguen lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo y sobre los que justifican sus acciones. El análisis de las narrativas es útil para comprender la imagen del mundo militar, porque su estudio posibilita acceder a las formas de conocimiento que un determinado grupo construye de sí mismo, a las maneras en cómo se relaciona con otros grupos, a la forma en la que el sujeto vive, significa su contexto y establece los códigos morales que guían su comportamiento (Maines 1993; Visacovsky 2016; Jimeno 2016). Los sujetos, en sus discursos intentan convencer a su interlocutor de la racionalidad de estos y de la inevitabilidad de las acciones que allí describen (Fischer y Jansz 1995).

Si seguimos la siguiente afirmación de Wittgenstein (2014), “Nuestro hablar obtiene sentido del resto de nuestra actuación” (SC 229), es evidente que la comprensión de las narrativas necesariamente conduce al investigador a zambullirse en el contexto en el que estas adquieren significado ya que solo en él vive el sentido de las mismas. Es así como el científico social, interesado en comprender y transmitir el significado de los discursos en un contexto diferente al de su producción, realiza una labor de traducción (Jimeno 2016), en la que no busca establecer la veracidad de los relatos, sino dar cuenta del significado que estos tienen en el horizonte en el que adquieren vida.

Para ocuparnos de las narrativas sobre profesionalización, el equipo de investigación compuesto por mí (filósofa y antropóloga social), por una abogada y filósofa, por un antropólogo y por un estudiante de antropología estuvo inmerso en la ESPRO en junio y julio del 2016. En este periodo no se estaba dictando el curso de profesionalización a soldados profesionales. La sede hospedaba el curso de desminado internacional humanitario: la temporal suspensión del curso de profesionalización se debía, según conversaciones sostenidas con las directivas de la ESPRO, a una “necesaria pausa para trabajar en una reforma curricular acorde a los diálogos de la Habana y acorde a un posible recorte de personal” (Director de la Escuela, comunicación personal, junio 2016). El curso de desminado, en palabras de instructores y directivas era “un intento para comenzar a trabajar en dos temporalidades distintas. El futuro que exige soldados con capacidades de combate internacional y con habilidades que se puedan aplicar además en un contexto de post-acuerdo y el presente que exige que el soldado se siga formando en el ciclo que tradicionalmente ofrece la ESPRO, ya que las habilidades que allí se adquieren serán necesarias para enfrentar al enemigo disidente que no se rendirá durante los acuerdos” (instructor ESPRO, comunicación personal, 7 de junio de 2016). Los nuevos cursos, al decir de las directivas, se integraban en lo que, en sus narrativas, siempre ha sido el norte de la Escuela “la formación de soldados capaces de defender a la patria en el marco de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario” (instructor ESPRO, comunicación personal, 7 de junio de 2016).

Durante el trabajo de campo, el personal que vivía en la ESPRO insistía en que la razón de ser de la escuela era la formación de los soldados profesionales: los altos mandos, los instructores y los ex alumnos insistían en la necesidad de hablar del curso de profesionalización y no de los que excepcionalmente se dictaban. Siguiendo, entonces, las demandas de escucha de los interlocutores nos concentramos en lo que para ellos era importante: la importancia del curso de profesionalización que se ha ofrecido desde el momento de la fundación de la Escuela.

Retomando lo afirmado: el objetivo de este artículo es dar cuenta de la de la multiplicidad de narrativas construidas por distintos sujetos militares que definen qué es la profesionalización. Nos ocuparemos, entonces, de las distintas significaciones que sobre la profesionalización coexisten. Insistimos que en este escrito no unificaremos las diferentes maneras de concebir el proceso de formación militar, tampoco privilegiaremos la narrativa oficial: respetaremos las tensiones y las contradicciones encontradas en el contexto etnográfico analizado.2 Tampoco evaluaremos la veracidad o la falsedad de las mismas, las analizaremos como las ficciones que los sujetos construyen para dar sentido a su existencia, las verdades construidas que orientan las decisiones y las creencias de los soldados.

Consideramos que el Ejército Nacional de Colombia debe ser sujeto de estudio antropológico en la medida en que el ejercicio etnográfico permite comprender desde adentro las maneras en la que sus miembros justifican sus acciones. En el caso específico de este escrito sostenemos que el ejercicio etnográfico permite avanzar en entender cómo los soldados profesionales, sus instructores y las directivas conciben su quehacer, su preparación para combatir y el proceso en el que se inculcan los valores militares. El estudio de las narrativas sobre profesionalización nos permite avanzar en el conocimiento y análisis de una de las instituciones que ha sido protagonista en la consolidación de la geopolítica nacional.

Un breve contexto

Durante la segunda mitad del siglo XX, bajo la influencia de la política de seguridad nacional estadounidense, se consolidó la política de seguridad nacional en la que se afianzó la figura de enemigo interno. El enemigo interno no era fácilmente identificable: al estar ubicado dentro del territorio nacional se mimetizaba con la población civil (Leal Buitrago 1994; Blair 1993, 1999; Ugarriza y Pabón 2017) por lo que, según las narrativas militares (entrevistas semiestructuradas a los generales Álvaro Valencia Tovar en 1996, y al general Puyana también en 1996), era necesario tener acceso y control en todos los ámbitos de la sociedad civil. Para los años sesenta se había consolidado en la imagen del mundo militar la certeza de que el enemigo interno era comunista y que se escondía dentro de la población civil. Sin embargo, en las narrativas militares, crecía la convicción de que la ausencia de educación, de condiciones dignas de vida y de empleo, hacía que los civiles simpatizaran con la causa comunista. Es por esto por lo que el ejército, bajo la influencia del Plan Lazo, promovió las estrategias cívico-militares en la que los batallones se comprometían a dar de baja militarmente a bandoleros y guerrilleros y a impartir educación y salud en espera a que intervinieran las instituciones civiles del Estado. En los años setenta las fuerzas militares promovieron que la población civil se armara para defenderse de la guerrilla y apoyaron la formación de grupos de autodefensa que solo hasta 1996 se declararon ilegales (López 2016; Ugarriza y Pabón 2017). Durante los años noventa ocurrieron dos procesos relevantes. Por un lado, los altos mandos se concentran en hacer, al menos en sus narrativas oficiales, de las autodefensas un enemigo que, al igual que los guerrilleros, debía abatirse militarmente. Y por el otro lado se consolidan diferentes reformas dentro de la institución militar: por primera vez llega un civil al Ministerio de Defensa, además se hace prioritaria la profesionalización de las tropas que debía incorporar capacitaciones en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario (Adolfo Atehortúa 2004). A principios del siglo XXI la preocupación castrense se concentró en evitar que la institución fuera acusada de impulsar ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas en el marco de la ofensiva militar (Ugarriza y Pabón 2017). Es importante resaltar que en el año 2003 los soldados recibieron presiones e incentivos para la obtención de bajas y capturas de guerrilleros. La Presidencia de la República establecía metas trimestrales de neutralización de miembros de la guerrilla y de las Autodefensas Unidas de Colombia. La importancia del ejército y de las fuerzas armadas en general, se ha hecho evidente, más recientemente, durante los diálogos de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, en los que, a diferencia de las negociaciones anteriores, se contó con la presencia de los representantes de la fuerza pública. En entrevistas informales sostenidas en el 2015 y 2016, periodo en el que adelantamos el trabajo de campo, algunos oficiales afirmaron que su presencia garantizó que en las negociaciones la fuerza pública fuera tenida en cuenta como “parte del Estado preocupado por construir una salida negociada y no como la simple bota que castiga” (comunicación persona coronel Gutiérrez, 2016).

El material etnográfico sobre el que se basa este artículo,3 es parte del corpus de datos construido en la investigación “Vida cotidiana de los militares: vivencias adentro y fuera del cuartel” que hasta la fecha se compone de 67 entrevistas semiestructuradas a soldados profesionales y altos mandos desarrolladas en el Comando Estratégico de las Transiciones (COET, comando conjunto en el que todas las fuerzas armadas se ocupan de la construcción de memoria histórica militar), en la Escuela de Soldados Profesionales (ESPRO, encargada de la formación de soldados) y en el Batallón de Sanidad (BASAN, unidad médica y de rehabilitación del Ejército Nacional).

El ingreso a los distintos escenarios etnográficos fue posible gracias al coronel H. Él me contacto en el año 2015 porque veía la posibilidad de, a través de una investigación que yo podría coordinar de manera independiente al Ejército, dar a conocer la institución militar en distintas esferas civiles. El coronel H, estaba convencido de la necesidad de que ambos sectores se acercaran para que el mutuo recelo mermara y “se pudiera conocer al hombre detrás del uniforme” y con ello “ustedes los civiles pudieran entender mejor de qué se trata ser militar”. El coronel dejó en claro que no interferiría en la investigación y yo dejé en claro que el material construido durante el trabajo de campo no sería entregado ni leído por ningún miembro de las Fuerzas Armadas. El coronel H y yo acordamos que le entregaría los artículos, libros y demás producciones que salieran del análisis del material, para así comenzar un intercambio académico. Para respetar la privacidad del coronel, me abstengo de hacer una mayor caracterización. Sea esta la oportunidad para decir que los diálogos sostenidos con él, su disposición a la crítica, a la escucha y su amor a la milicia reforzaron la conclusión a la que ya había llegado en el 2005 y que coincide con la de varios teóricos latinoamericanos (Castro 1990; Frederic 2013; Guber 2013):4 los ejércitos no deben ser estudiados bajo el lente simplificador que ofrece el concepto de institución total (Goffman 1961), estos son instituciones heterogéneas en las que conviven en tensión, múltiples maneras de concebir la labor y la institución militar.

Así las cosas, gracias al coronel H, quien habló con los altos mandos de las distintas dependencias para que se nos abrieran las puertas, los miembros del equipo de investigación pudimos conversar con muchísimos soldados. Accedimos entonces a las narrativas en las que ellos ponían en escena su decisión de entrar al Ejército, las justificaciones para quedarse, así como las decisiones tomadas en el área de combate. Durante el trabajo tuvimos acceso a las performances en las que los soldados buscaban convencernos de la veracidad y de la inevitabilidad de lo narrado. Los encuentros se llevaban en espacios públicos: cafeterías (COET), en oficinas (BASAN), en auditorios y en capillas (en el caso específico de la ESPRO).

Vale la pena señalar que, los soldados, después de las entrevistas, debían volver a sus labores cotidianas, por lo que fue imposible hablar dos veces con la misma persona. Sin embargo, pudimos observar recurrencias en las narrativas de las 67 entrevistas provenientes de escenarios distintos, pudimos establecer las tensiones, los puntos en común y las contradicciones existentes entre las diferentes formas de narrar. Es importante señalar que tampoco pudimos compartir con los soldados los espacios en los que viven su cotidianidad. La exploración y el conocimiento de los lugares en los que hicimos el trabajo de campo fueron guiados por altos mandos (o sus delegados), quienes nos acompañaron en los recorridos y nos mostraron las instalaciones, mientras nos explicaban que la permanencia en dormitorios, en aulas y en otros sitios nos estaba prohibido.

La restricción de los espacios, en las narrativas de los altos mandos, obedecía a razones de seguridad (podíamos ser víctimas de algún disparo durante los entrenamientos), a razones de privacidad (con franqueza se nos dijo que siendo dependencias militares había “cosas que debían permanecer en la intimidad de las paredes militares”) y a razones de género (dormir entre los soldados, compartir los baños, podía repercutir en el “normal desarrollo de las actividades”). En pocas palabras, como en cualquier ejercicio antropológico, pudimos acceder a las verdades parciales construidas en las condiciones específicas del trabajo de campo. Es decir, a los eventos mediados por las relaciones construidas con los soldados, sus superiores y los miembros del equipo de investigación.

Siguiendo este orden de ideas, el lector de este artículo se encuentra delante de un trabajo de investigación que da cuenta de las formas en las que los interlocutores ponen en escena sus decisiones, sus códigos morales delante de un grupo de investigación, que durante las entrevistas dejó en claro no estar interesados en evaluar el carácter de veracidad de estas. El lector asistirá a las ficciones desarrolladas en las puestas en escena.

Gatear, caminar, correr, volar: La formación del soldado ideal en las narrativas oficiales

La Escuela Militar de Cadetes en las narrativas del portavoz autorizado

El 7 de junio de 2016 el Coronel X, director de la Escuela de Soldados Profesionales, explicaba la historia, la misión y la visión de la ESPRO:

He sido (comandante) de diferentes unidades … hice Curso de Estado Mayor, de ascenso de Estado Mayor de Coronel en Estados Unidos, fue una experiencia de un año de mirar cómo es el Ejército Americano en lo que se maneja en toma de decisiones y en el aspecto de Estados Mayores, tengo curso de contrainsurgencia en el Colegio Interamericano de Defensa, en Washington, y pues ya las diferentes especialidades acá en Colombia como es, lancero, paracaidista, … y ahora dirijo la ESPRO, es un honor y un reconocimiento a mi desempeño. … Hoy estoy para hablarles no en mi nombre, sino en nombre del Ejército Nacional, de la Escuela de Soldados Profesionales. Les doy la bienvenida a [sic] nombre del presidente Juan Manuel Santos, de mi general Oscar Mejía y al mío propio. (Coronel X, comunicación personal, 7 de junio de 2016)

El coronel nos invitaba a reconocerlo como un portavoz autorizado (Bourdieu 2008), es decir, como un vocero de las narrativas oficiales de su comunidad, como una voz legítima, capaz de hablar en nombre de la institución. Vale la pena recordar con Bourdieu (2008) que el lenguaje autorizado tiene una intención performativa: quien lo pronuncia, enuncia las propiedades que un grupo tiene y hace explícitas las cualidades que los individuos que lo componen deben tener para participar correctamente de la esencia social que les es asignada.

Es importante resaltar que la eficacia del discurso pronunciado por el portavoz autorizado depende de la posición social que este ocupe. No cualquiera puede ser vocero de su comunidad: el portavoz que goza de autoridad ha sido legitimado por la institución que representa y solo puede actuar sobre otros agentes en la medida en que su palabra concentre el capital simbólico acumulado por el grupo que le ha otorgado ese mandato.

El coronel en la performatividad de sus narrativas enunciaba y daba vida a las características del proceso de formación y a la quintaesencia del soldado profesional. El portavoz autorizado afirmaba:

El nombre de esta escuela es Escuela de Soldados Profesionales Pedro Pascacio Martínez ¿Quién era este soldado Pedro Pascacio Martínez? Un soldado campesino, un soldado de alpargata, un soldado de ruana y sombrero, un soldado que su función era de cuidar de los caballos del Libertador y que en la Batalla del Puente de Boyacá … a él le ofrecieron unas monedas de oro y que éste no las recibió, sino que tuvo el valor y la grandeza de no entregar el Libertador a Barreiro (que era en ese entonces el Comandante del Ejército Español), y abrió la senda para luego llegar a Santafé de Bogotá y ya, realizar la Independencia que todos en la historia conocemos, por eso ha sido en nombre de este soldado, y el nombre de hoy en día, como hombre de honor, del sacrificio y de la lealtad hacia la Institución. (Coronel X, comunicación personal, 7 de junio de 2016)

En sus narrativas, el coronel establecía vínculos con la figura de Pedro Pascasio Martínez, con su origen humilde y con su talante moral. Recordemos lo afirmado en la introducción: en las narrativas se establecen relaciones con el pasado, y recordemos también, que en el lenguaje performático el portavoz autorizado confiere cualidades a la institución. Es evidente entonces que, en las narrativas oficiales, en los discursos performáticos enunciados se establece un vínculo con la pobreza, la lealtad y el honor de Pedro Pascasio Martínez, escudero que tiene las mismas características que los soldados profesionales: es pobre y goza de integridad. En los relatos oficiales se establece, pues, un vínculo moral y de clase con el soldado de ruana y alpargata. Los alumnos deberán seguir el ejemplo, sin importar la contingencia histórica de su misión, del “simple cuidador de caballos que supo preparar las condiciones independentistas” (Coronel X, comunicación personal, 7 de junio de 2016).

En palabras del coronel, los soldados profesionales deben tener las características identitarias de Pedro Pascasio y estas deben ser el sustrato de sus acciones no solo presentes sino futuras. El talante moral del “simple cuidador de caballos” deberá inspirar el quehacer de los soldados más humildes que en el año 2030, deberán hacer gala de la tradición moral a la que pertenecen “enfrentando no solo a grupos al margen de la ley, sino interviniendo en cooperación internacional y gestión del medio ambiente y sus recursos naturales; contribuyendo al desarrollo del país y del mundo teniendo en cuenta siempre los Derechos Humanos” (Coronel X, comunicación personal, 7 de junio de 2016).

En el arco temporal definido, la proyección al 2030 implica que en el presente la Escuela se concentre en la educación del soldado que, si bien sigue enfocada en la lucha en contra de las guerrillas, se adecúe a los tiempos venideros ya que inculca en los principios de Pedro Pascasio la inmortalidad de los valores que se transmitirá de generación en generación.

Es así como en las narrativas y en los discursos autorizados del coronel se da vida a la quintaesencia de los principios de Pedro Pascasio. Educados en el rigor de la Escuela se convertirán, sin importar el lugar y la fecha en soldados capaces de defender el orden (nacional y global). En este punto podemos preguntar ¿cómo transformar a los individuos que llegan a la Escuela en soldados íntegros, capaces de defender la nación, capaces de defender el orden global, de proteger el medio ambiente? En palabras de algunos instructores y directivos de la Escuela “¿Cómo transformar lo que nos llega, que no siempre es lo mejor en soldados con altos valores morales?”

El proceso de formación en las narrativas del portavoz autorizado

Podemos recordar la siguiente afirmación del coronel: “Aquí [en la escuela] recibimos hombres que saben gatear, les enseñamos a caminar, a correr y a volar” (Coronel X, comunicación personal, 7 de junio de 2016). Pero ¿qué significa ser un gateador en la ESPRO? A la Escuela de Soldados Profesionales no entran civiles interesados en volverse soldados. A esta ingresan soldados que quieren profesionalizar su desempeño. El gateador, entonces, ya ha tenido experiencias en el área, él no necesariamente ha combatido: pudo haber conocido el olor de la pólvora, cocinando para la tropa, o desempeñarse en labores de logística. Quien llega a la ESPRO, además, debe tener cartas de recomendación de un superior que certifique el buen desempeño del candidato en el área de combate, es decir, debe contar con el respaldo de un alto o medio mando que atestigüe que el candidato es apto para convertirse en Pedro Pascasio.

En otras palabras, sobre el cuerpo imperfecto de los gateadores ya ha operado un proceso de selección en el que se evalúa el carácter moral del candidato, su disposición física y su fortaleza psicológica. En la Escuela el aspirante debe pasar por un proceso de selección en el que se rectificará, si es que es material apto para convertirse en un soldado profesional. El joven debe demostrar que tiene predisposición a un manejo equilibrado de las emociones y que cuenta con un entorno familiar sano que proteja ese equilibrio:

Nosotros hacemos una entrevista de que no tenga antecedentes de ideaciones suicidas, porque ese es un antecedente como tal primordial para este ente militar, que no presente un núcleo familiar que sea tan disfuncional, es decir, que no viva con abuelos, con tíos porque los papás lo abandonaron, … En la prueba MMPI, miramos mucho los rasgos clínicos si de pronto tiene histeria entonces indagamos la parte de histeria, si tiene delirios de persecución se le hacen unas pequeñas preguntas … , en el momento en que usted se encuentre acá en el estudio y pues usted evidencie que esto no es lo suyo, entonces, “mire muchachos acá la presión es un poco extensa” y les explicamos que esto no es lo suyo. (Psicóloga ESPRO, comunicación personal, 7 de junio de 2016)5

En las narrativas oficiales solo los sujetos con caracteres equilibrados pueden formar parte de las tropas profesionales. Los gateadores gozan de excelente salud mental, su psique es apta para ser moldeada: esta es materia susceptible a ser entrenada para conservar la calma en el momento del enfrentamiento. En los discursos autorizados, las emociones son definidas como elementos de la personalidad que deben controlarse. El soldado debe poder ejercer un trabajo emocional que garantice el dominio de la razón y así asegure que sus decisiones serán acertadas y equilibradas. Es importante subrayar que el control de las emociones supone “la mística”: el amor a las armas, al sacrificio y el abandono de los propios sueños:

Cuando hablamos de mística es que al que le guste Ejército que no solamente le gusten las armas, porque es que hay muchas personas que dicen “no es que yo me voy al Ejército porque voy a disparar … a mí me gustaba cuando era soldado” no porque es que el soldado, aunque la razón de ser es la guerra y aunque la razón de ser es que porte su uniforme con su armamento y demás, también es su actividad social, y en eso tiene que él acomodarse a esos principios y valores que anteriormente vimos. La mística se da solo entre quienes no tienen psicopatologías, el soldado no debe tener aquí antecedentes personales, o de familia con psicopatologías, que se hayan suicidado. El soldado, debe tener un grupo familiar. No es estigmatizar que no pueda venir una persona que no tenga mamá y papá acá, pero digamos que tampoco decir que no se valora. Digamos que puede suceder de que él dice “igual no tengo nada que perder ya, no tengo mamá ni papá ni familia pues hago lo que yo quiera y ponga en riesgo al resto de la tropa”. (Coronel X, comunicación personal, 7 de junio de 2016)

Los gateadores, soldados que han demostrado tener mística y estar predispuestos al control emocional, entran a un curso de catorce semanas que habrá de convertirlos en soldados capaces de volar, es decir, de saber cómo actuar en el área de operaciones. El curso está dividido en las siguientes fases: incorporación (una semana), adaptación (una semana), técnica (dos semanas), especialización (cuatro semanas), táctica (cinco semanas) y urbanística (una semana):

Durante la semana de incorporación, el soldado debe aprender por qué tiene que defender la Patria, para qué se tiene que hacer y especialmente con quién tiene que convivir, cuando hablo de convivir es incluir nuestra sociedad, porque a ella es a la que estamos defendiendo. … Y dentro de eso también reconocer las situaciones políticas que se presentan ¿Sí? Lo hemos visto ahí, usted enfrentar a una persona, a un grupo y luego traerla hacia este lado es tolerancia, es honor, es respeto y eso es lo que queremos que el soldado también se lleve él va a interactuar con la persona. … En esta primera semana pasan a la prueba física que es mirar el estado físico mínimo que se necesita del aspirante. Revisamos que no tengan antecedentes de seguridad, los vacunamos contra fiebre amarilla, hepatitis. Ahí es cuando termina la primera semana, que es la semana y viene la segunda semana que es la semana de adaptación. (Coronel X, comunicación personal, 7 de junio de 2016)

Durante la primera semana el gateador se somete a un extenuante proceso de selección en el que debe comprobar que entiende su misión: debe aprender que su cuerpo y su mente están a disposición de la patria. El candidato recibe cursos prácticos y teóricos en los que debe incorporar que la lealtad y la honestidad que lo ligan a Pedro Pascasio Martínez tienen como único objetivo servir a Colombia. El soldado debe dejar de pensar en sí mismo como individuo para empezar a representarse como un miembro de la colectividad militar cuyas prioridades lejos de ser personales son nacionales y globales.

En la semana de incorporación el candidato gatea “está mirando a sus rodillas, pasa a mirar cómo es esto, hasta ahora el soldado empieza a mirar qué es un fusil, saber por qué luchamos, saber los principios y valores” (Coronel X, comunicación personal, 7 de junio de 2016). Una vez se ha levantado de sus rodillas entra a las etapas de adaptación y técnica y se vuelve un caminante:

Empezamos a ver materias como tiro y dentro de esas materias empezamos a ver la acción el conocimiento del área, operaciones del asalto aéreo, granada, explosivos, vemos lo básico como qué es una carga, qué es un detonador y siempre recalcando en la causa le tenemos que decir al soldado … que aunque a usted le están disparando, que aunque usted esté en ese momento de crisis interna, usted tiene que mirar a su alrededor qué es lo que hay, por qué o si no se le va a devolver la granada, y no va a poder responder delante de la situación. (Coronel X, comunicación personal, 7 de junio de 2016)

El caminante debe demostrar que es capaz de controlar sus emociones en las diferentes pistas de entrenamiento. Su cuerpo debe responder, con tranquilidad, a las amenazas que en el área de combate serán reales. A diferencia del gateador, el caminante, de carácter mesurado, sabe usar las armas. Cuestión que lo hará un corredor. El corredor está en capacidad de superar las etapas especialística, táctica y urbanística; y el volador es quien al final del proceso ha incorporado los valores y los procedimientos que le permitirán sobrevivir en la guerra y podrá ofrecer a la patria su cuerpo y su equilibrio emocional.

En conclusión, durante las catorce semanas de formación gateadores, caminantes y corredores deben elaborar un trabajo emocional (Frevert 2016; Gill 1999) para aprender a contener sus sentimientos y deben hacer de sus cuerpos una herramienta anestésica (Macleish 2012), es decir, no solo deben aprender a tener bajo control las emociones, sino que deben aprender a superar el dolor y el sentimiento de vulnerabilidad. En los discursos oficiales, el control emocional y el cuerpo anestésico garantizan que el soldado profesional pueda ejercer y soportar la violencia. Así las cosas, según las narrativas oficiales, el soldado que llega al área debe ser invencible (Macleish 2012, 2013).

El nacimiento del combatiente real

La Escuela en las narrativas no oficiales: El punto de vista de los instructores

El 7 de junio del 2016 después de haber entrevistado al coronel X, el equipo de trabajo se concentró en conversar con los soldados profesionales y con los instructores. Ellos no son portavoces autorizados del ejército: sus relatos, deben entenderse como referentes a vivencias individuales y en contraposición a las narrativas oficiales se evaporan en la inmediatez de la vida cotidiana. Estos constituyen el repertorio en el que las motivaciones para entrar a la ESPRO, y las significaciones de las cuatro fases de formación adquieren sentido y se organizan en una línea temporal en la que el pasado se asocia con las vivencias individuales que explican la decisión de entrar a la vida militar y a la ESPRO, el presente con la vida en la Escuela y en el área, y el futuro con el retorno a la vida civil. En otras palabras, los discursos de los soldados profesionales conviven con los de la oficialidad y dan vida a las múltiples narrativas que coexisten en la ESPRO. En el 2015 los soldados Lorenzo y Fernando hacían referencia a su ingreso a la ESPRO:

Yo entré (a la ESPRO) para darle continuidad a mi carrera. Yo quería sobresalir, y se me presentó la oportunidad de hacer el curso. Yo no llegué al ejército por que quería. Vivíamos en una vereda, y terminé mi bachillerato. Entonces terminé mis estudios y llegaron a decir que allá que tienen que presentarse en tal fecha en G.6 Ahí no tenía la opción de decir, bueno voy a pagar la libreta. … Una vez presté el servicio militar se presentó la posibilidad de continuar. En ese entonces ingresé ya por motivación, me entró ese espíritu de servir al país y aparte de eso también lo vi como una estabilidad laboral. (Lorenzo, comunicación personal, 24 de septiembre de 2015)

Yo trabajaba era raspando coca y eso, en el monte. Entonces la guerrilla llegaba mucho donde nosotros. Por los lados de C., la gente llegaba allá a raspar. Eso era lo que hacíamos y yo no quería venirme pal ejército. La guerrilla llegaba y me daba trabajo y plata y uno se iba … uno decía yo para el ejército no voy, pero pues ya después entré, eso me amenazó la misma guerrilla, a mí y a la familia y uno estando acá ya ve las cosas de otra manera. Y pues la ESPRO fue como un premio. (Fernando, comunicación personal, 24 de septiembre de 2015)

En estas narrativas, el pasado no se remite a las características morales de Pedro Pascasio Martínez. Este se asocia con la necesidad de conseguir trabajo, con el reclutamiento forzado, con las ganas de vengar a los parientes asesinados en manos de las guerrillas o de los grupos paramilitares. En estos discursos el amor a la patria, a la institución militar y con ello la necesidad de sobresalir y convertirse en soldados profesionales no son una característica moral prerrequisito para ingresar. Cuestión que es enfatizada en las narrativas de los instructores de la Escuela para quienes es claro que los cuerpos y las mentes de los reclutas son difíciles de transformar, ellos han estado en el área de combate, y se han llenado de mañas. Los instructores los describen como personas que “hay que limpiar de todo vicio”:

Acá no llega lo mejor de las clases populares. Muchas de las personas que recibimos llegan porque no saben que más ponerse a hacer. El ejército es buen patrón: le garantiza casa, comida y salario. Pero acá tenemos que inculcar todo: la limpieza, el aseo personal, la honestidad, hay gente que se roba hasta los cordones y tenemos que cuidar que los buenos no se contaminen. La naturaleza de muchos es dañada, hay que educar y preservar. (Instructor W, comunicación personal, 7 de junio 7 de 2016)

El cuerpo y la moral de los reclutas debe moldearse y en las narrativas de los instructores esto se logra haciendo de la Escuela un espacio en el que los estudiantes sufran. Quien aguante los rigores de la Escuela sin duda transforma su cuerpo, su espíritu y aprende la lealtad a la institución y a no quebrarse ni emocional, ni físicamente. Al decir de los instructores:

La Escuela debe ser más dura que la guerra, el soldado cuando llegue al área de operaciones debe estar acostumbrado a comer mierda. Allá no le van a hacer la comidita, ni van a esperar a que se levante y se aliste para comenzar a dispararle. Nuestro objetivo acá es no sólo darle los conocimientos necesarios, es enseñarle a vivir mal. No nos podemos arriesgar a mandar al área soldados que se quiebran al primer disparo. El gran problema que tenemos los instructores ahora es que debemos tratar a los soldados como si fueran de porcelana: cualquier cosa que uno les haga ellos lo pueden empapelar a uno: yo si pienso que era mejor como nos tocó a los instructores, tabla y volteo. Uno llegaba al área listo. Yo no respondo por alguna de la gente que sale de acá. (Instructor V, comunicación personal, 7 de junio de 2016)

El recluta, en los discursos de algunos instructores, aprende el control emocional y hace de su cuerpo un elemento anestésico (Macleish 2012) a través del sometimiento a situaciones de maltrato. Las regulaciones y disciplinamientos dispuestos en el pénsum no son suficientes. La ESPRO es una zona de excepción (Macleish 2013) en el que las prácticas invisibilizadas en las narrativas oficiales son indispensables para que el soldado no ceda a su sentimiento de vulnerabilidad y para que el candidato deje las malas mañas.

La Escuela en los discursos no oficiales: Las narrativas de los soldados profesionales

La profesionalización, en las narrativas de los soldados, adquiere sentido en su trayectoria de vida. Las experiencias en el área y el estar en continuo movimiento por Colombia garantizan adquirir la experticia necesaria para la sobrevivencia. Algunos soldados se refieren a la profesionalización como un proceso constante: el combatiente real se forma a lo largo de los veinte años de carrera:

La formación no solamente es aquí en la Escuela … la formación es en el ejército, en el ejército son durante los veinte años o veinticinco años que vos estás, todos los días aprendés algo nuevo. El soldado que le diga que se las sabe todas, que ya aprendió todo le está diciendo mentiras. Todos los días se aprende algo. Usted no se puede confiar. Esto es de todos los días, uno adquiere experiencia, pero ningún soldado se las sabe todas. En el ejército no sabe el que más rango tiene sino el que más experiencia tiene. En el área el que más sabe es el que más ha combatido. (Soldado profesional N, comunicación personal, 7 de junio de 2016)

En los discursos de los soldados profesionales la experiencia de la guerra se configura como el escenario de aprendizaje. Y dentro de esta experiencia el primer combate es, sin duda, el que pone a prueba la formación recibida, la mística, la moral, y la voluntad de perseverar.

En los relatos de Yeison:

Y ya cuando me llegó la hora de la verdad si ya fue complicado, porque … la primera vez la tuve un enfrentamiento en un sitio que se llama A. Que es complicado. Yo estaba allá y me lanzaron 10 cilindros, y me disparaban de todos lados, y uno ese primer momento es algo que, que usted tiene que aprender a dominarse a usted mismo. Porque es un momento muy complicado en el que usted no sabe si salir corriendo, si enfrentarse. (Yeison, comunicación personal, 7 de junio de 2016)

J narra:

Yo me acuerdo que la primer vez que yo entré al Ejército y tuve mi primer combate, yo llegué y salí asustado, los soldados (decían) “no, yo me voy de baja”, el otro soldado dijo “no, yo también me voy de baja”, El combate empezó a las cuatro y cuarenta y cinco de la mañana, y era la una de la tarde y todavía estábamos dando … muy fuerte, y cuando entonces llegó el comandante del batallón, había diecinueve heridos, los comandantes estaban heridos, habían soldados muertos, habían guerrilleros muertos también … y yo cabo tercero nuevo y no sabía qué hacer, “me voy de baja no me voy de baja, ¿qué hago Dios mío?” Entonces yo me iba a ir a decirle al comandante del batallón “no mi coronel, yo me voy de baja”, cuando yo llegué a donde estaba él, se me acercó y el man como que me vio la cara, y me dijo “¿Qué? ¿Qué quiere cabo hijuetantas? ¿Le quedó grande esta mierda? ¿Le quedó grande el ejército? ¡Pa qué hijueputas entró!”, y otra cachetada yo creo que yo no me fui de baja fue porque ese man me echó la madre. (J, comunicación personal, 7 de junio de 2016)

El área se configura como el escenario en el que los voladores que se gradúan de la ESPRO asisten a la vulnerabilidad de sus cuerpos y a la fragilidad de sus emociones. Es en la inminencia del combate en la que el soldado real debe reaccionar apelando a la formación recibida, al miedo al superior, al orgullo, al instinto de sobrevivencia. En los discursos no autorizados se hace énfasis en que, superadas las primeras experiencias, la mística y la moral comienzan a crecer y a convertirse en herramientas que permiten perseverar en la vida militar.

En las narrativas no autorizadas la mística y la moral no son condiciones a las que se llega, no sin haber cometido errores. Los soldados profesionales reconocen que los errores de la guerra son parte del aprendizaje:

Y los errores que se cometen en la guerra no son como los que se comenten en otro trabajo. Cuando usted se equivoca, ¿Qué sale mal? (dirigiéndose a mí) Pues que hizo perder la materia injustamente a alguien y ya. Cuando nosotros nos equivocamos hay muertos de toda parte: nuestros, de la guerrilla, la sociedad civil sufre. Y usted tiene dos opciones o renunciar o seguir con la conciencia de que un error suyo le costó la vida a gente. (Soldado profesional N, comunicación personal, 7 de junio de 2016)

Los soldados profesionales además hacen énfasis en que es en el teatro de operaciones en donde se aprende a tener que lidiar con la muerte, lo que implica en las narrativas de los soldados entrevistados un cambio de mentalidad. En sus palabras:

Realmente como todos los cursos en el Ejército no lo preparan a uno para lo que va a enfrentar. Siempre los cursos en el Ejército le enseñan a usted para desarrollar capacidades físicas, de pronto psicológicas. … Nunca en el ejército le enseñan a uno a matar, nunca. Le enseñan a usted a disparar el arma, pero no le enseñan a matar a una persona, eso es otro cuento. Según ellos, la teoría del ejército uno aprende como por inercia, porque uno no mata a alguien, sino que uno se defiende. (Soldado profesional N, comunicación personal, 7 de junio de 2016)

Los soldados, en los discursos no autorizados, narran como en el área, tras haber asistido a la muerte del lanza, a la pérdida de alguna extremidad, aprenden a lidiar con la vulnerabilidad de sus cuerpos y de sus emociones. En el área se desarrolla “ese instinto: son ellos o es uno. Es que si uno no mata, lo matan. Y hay gente, eso me pasó a mí, que nos volvemos máquinas de guerra, que eso es darle y darle” (soldado profesional N, comunicación personal, 7 de junio de 2016).

Es importante aclarar que, en las narrativas de los soldados profesionales, el área es también el escenario en el que se aprende a evitar el enemigo: “Uno está allá, con miedo de que lo maten y pues uno y ellos (la guerrilla) nos hacemos los locos, nos evitamos. Uno no quiere morirse, eso es mentira que a uno le gusta todo el tiempo. Ahí sí que pena discrepo con el compañero, pero uno es una máquina de guerra hasta cierto punto” (soldado profesional N, comunicación personal, 7 de junio de 2016).

Podemos afirmar, entonces que la profesionalización, en las narrativas de las personas de más bajo rango en el ejército es, un proceso que se da a lo largo de los veinte años de vida militar. Durante esta trayectoria se adquiere la experticia necesaria para poder elaborar un trabajo emocional y corporal adecuado que garantice la sobrevivencia. En el teatro de operaciones se aprende a lidiar con la muerte lo que implica una transformación en el soldado que aprende que en la guerra hay que matar y que no siempre es deseable el enfrentamiento. En este punto hay que recordar que en las narrativas los sujetos inventan su futuro. Entre los soldados profesionales el futuro es definido como el momento marcado por dejar de combatir. El futuro no se proyecta al año 2030. El futuro es definido como el instante en el que “aprender a ser militar cesa y se debe aprender una vaina más verraca, a comportarse en un escenario que no se conoce, a comportarse en la civil y obedecer a gente más brava: la esposa y los hijos (risas)” (soldado profesional X, comunicación personal, 7 de junio de 2016).

En palabras de J: “Soldado no se nace, pero sí se muere. Un soldado que regresa a la civil regresa a construir su casa, a recuperar su hogar y a abrir un negocio o a trabajar en seguridad. Pero siempre va a ser soldado. Estuvo 20 años dándole. Las vivencias de la guerra se pegan. Y uno ya por fuera, eso uno sigue siendo soldado. Se manda uno mucho miedo, y eso no se pasa” (J, comunicación personal, 7 de junio de 2016).

En las narrativas no oficiales el futuro no es sinónimo de la remoción de la corporalidad y de la emotividad aprendidas a lo largo de la vida militar: la guerra se va pegando (González, Forero y Ramírez 2019) y el soldado profesional debe aprender a vivir una vida sin enemigos militares. El futuro se proyecta a tener que lidiar con sus cuerpos y sus mentes entrenadas en el área. Los soldados deberán aprender a vivir en escenarios diferentes, que les son desconocido: su familia, los batallones encargados de su recuperación.

Conclusiones

Avanzar en la comprensión de la imagen del mundo militar implica robustecer los estudios que promueven topografías del poder, es decir, investigaciones que se ocupan de las instituciones que rigen el destino de las naciones (Lutz 2006). Con nuestra investigación insistimos en la importancia de construir sujetos etnográficos en poblaciones y escenarios distintos a los así llamados marginales o periféricos. El estudio etnográfico del ejército colombiano permite avanzar en la comprensión de una de las instituciones que ha sido determinante en la configuración de la geopolítica nacional y que ha intervenido en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Para desarrollar la topografía del poder, en el caso específico de este artículo, nos ocupamos de la profesionalización militar a través del análisis de las narrativas en la que esta adquiere significado. Los discursos de las directivas, de los instructores y de los ex alumnos muestran cómo las tensiones son características en la ESPRO. Los oficiales dan vida a la profesionalización definiéndola como un proceso de catorce semanas que opera sobre el cuerpo y el carácter de los reclutas y culmina en cuerpos anestésicos, invencibles, capaces de elaborar un trabajo emocional que les permita tomar decisiones racionales en el área. Los instructores, significan a la profesionalización como la formación que debe impartirse para “limpiar las mañas” de los reclutas. En sus discursos la ESPRO se convierte en una zona de excepción en la que ejercer violencia es legítimo, en la que el maltrato es necesario para garantizar que el soldado resista a los avatares del combate. El cuerpo anestésico y el carácter equilibrado se consiguen a través de un constante sometimiento a prácticas violentas.

Los ex alumnos de la Escuela aclaran que el proceso de profesionalización no se limita al ciclo ofrecido por la ESPRO, o a las rutinas de volteo y tabla; este se vive durante los veinte años de servicio en los que, según las narrativas de los soldados profesionales, la persona incorpora los verdaderos significados de mística y valor, virtudes que van de la mano con el cambio de mentalidad. A lo largo de los veinte años de servicio la guerra se pega, se aprende a lidiar con la fragilidad del cuerpo, del carácter y con la muerte. La profesionalización es un proceso que acaba el día en el que el soldado debe volver a la civil.

Así las cosas, podemos subrayar que en la institución militar conviven distintas narrativas y por esto mismo distintas maneras de habitar el mundo, coexisten distintas maneras de concebir el pasado, el presente y el futuro. En la ESPRO se performan diferentes formas de explicar la inevitabilidad de las acciones y de las decisiones tomadas para formar o ser un soldado profesional.

Es importante resaltar que avanzar en la topografía del poder colombiana, a través del estudio del Ejército, abre importantes preguntas que serán tratadas en otros escritos ¿Cuáles son las implicaciones éticas en investigaciones que se ocupan de narraciones de combatientes y que describen las vivencias de la guerra? (Forero y Frederic, en prensa). Esta cuestión lejos de poderse limitar a garantizar el anonimato de las fuentes da en el corazón de la antropología, es decir, en el inquirir por la forma que deben tener los escritos que divulgan esta información, es decir, las reflexiones éticas deben pensar en cómo respetar el continuum emotivo existente entre fieldwork y escritura.

Otra cuestión que queda abierta es la necesidad de hacer antropología de la antropología (Clifford 1991) y analizar cómo son interpretados entre académicos, sobre todo latinoamericanos, los trabajos que se ocupan de las instituciones militares. En otras palabras, es importante comprender cómo en países que han sufrido (y sufren dictaduras) y en países en los que estas no han sido necesarias para que las fuerzas armadas sean determinantes en las geopolíticas nacionales, se reciben trabajos que no se limitan a criticar al estamento armado y que se ocupan de la comprensión de su imagen del mundo. Cuestión que nos lleva al punto con el que concluiremos el artículo: es indispensable reconocer la complejidad de la institución militar en la que la jerarquía y el mando no contradicen la convivencia de múltiples narrativas, es decir, de distintas maneras de vivir, significar y relacionarse con la guerra y la profesionalización.

Notas

1En el numeral 94 de Sobre la Certeza, Wittgenstein (2014) afirma: “No tengo mi imagen del mundo porque me haya convencido a mí mismo de que sea la correcta; ni tampoco porque esté convencido de su corrección. Por el contrario, se trata del trasfondo que me viene dado y sobre el que distingo lo verdadero de lo falso”. En el numeral 162 afirma: “En líneas generales, considero verdadero lo que encuentro en los libros de texto, por ejemplo, de geografía ¿Por qué? Digo: todos estos hechos ya han sido confirmados más de cien veces. Pero ¿Cómo lo sé? ¿Cuál es mi evidencia al respecto? Tengo una imagen del mundo ¿Es verdadera o falsa? Ante todo, es el sustrato de todas … mis afirmaciones”. 

2Es importante aclarar que nuestra investigación comparte la importancia de estudiar al ejército como institución estructuradora de la vida social colombiana con las investigaciones adelantadas por la socióloga Elsa Blair (1999), los historiadores Adolfo León Atehortúa (2004, 2005), y Adolfo León Atehortúa y Humberto Vélez (1993, 1994), el politólogo Francisco Leal Buitrago (2003, 2006) y el politólogo Andrés Dávila (1998, 1999), y Andrés Dávila, Gustavo Salazar y Alexander González-Chavarría (2016). Sin embargo, se diferencia de estas pesquisas en sus preguntas de investigación y en sus metodologías. En la medida en que estas se ocupan, a través de herramientas metodológicas propias de sus disciplinas, de entender procesos institucionales que no acontecen en la vida cotidiana de los soldados. Nuestra investigación es familiar con los estudios llevados a cabo en América Latina por los antropólogos latinoamericanos Sabina Frederic (2013), Rosana Guber (2013), Celso Castro (1990), Piero de Camargo Leirner (1997) y Máximo Badaró (2009) quienes se han ocupado de comprender desde adentro a las instituciones militares. Nuestra investigación se asocia, también, con los trabajos de Catherine Lutz (1986, 2006, 2009), Kenneth T. MacLeish (2012, 2013, 2015) y George R. Lucas (2009). Todos ellos se valen de una mirada etnográfica para analizar las imágenes del mundo sobre las que los distintos sujetos toman y justifican sus decisiones. 

3Es el mismo sobre el que se construyeron los textos “El Ejército Nacional de Colombia y sus heridas: una aproximación a las narrativas militares de dolor y desilusión” (Forero Angel 2017 e “Ingresar al Ejército no es elegir matar: hacia la comprensión de dos eventos emocionales entre los soldados profesionales de Colombia” (Forero Angel, González y Ramírez 2018). 

4Importantes esfuerzos para analizar las fuerzas armadas del continente han sido llevados a cabo por los historiadores: Benclowitz (2019), Pagliarini (2017), por el antropólogo Field (2017) y por el politólogo Denyer Willis (2014). Sus investigaciones se ocupan, respectivamente, del código penal de la Policía Argentina, de la memoria referente a la dictadura de Brasil, de las relaciones militares entre Israel y Colombia y de la policía en São Paulo en Brasil. 

5El MMPI refiere al test inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota, usado en la ESPRO para identificar posibles psicopatologías en los soldados. 

6Las referencias a los lugares geográficos han sido eliminadas para garantizar el anonimato de los soldados entrevistados. 

Agradecimientos

Los autores agradecemos los comentarios hechos por las profesoras Catalina González (Departamento de Filosofía, Universidad de los Andes, Bogotá) y Mónica Espinosa (Departamento de Antropología, Universidad de los Andes, Bogotá) y a los hechos por el Laboratorio de Antropología del Estado en Colombia (LASC). Los autores también agradecen a la Facultad de Ciencias Sociales quien financió la investigación sobre la que se basa este artículo.

Sobre los autores

Ana María Forero Angel es profesora asociada del Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes de Bogotá, Colombia. Realizó sus estudios doctorales en la Universitá degli Studi La Sapienza, Roma. Es filósofa y antropóloga de la Universidad de los Andes. Sus investigaciones se inscriben dentro de la antropología de las emociones, antropología política y antropología de las élites y del Estado. En los últimos años ha coordinado el proyecto “Vida cotidiana de los militares: Vivencias adentro y fuera del cuartel” y “Narrativas y retóricas de las emociones: La guerra entre los soldados profesionales” con la profesora Catalina González de la Universidad de los Andes.

Simón Ramírez González es master en políticas públicas en la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes. Es filósofo y antropólogo de la misma universidad. Sus investigaciones e intereses se inscriben entre la antropología de las emociones, la antropología política, de las élites, del Estado y de las políticas públicas. En el último año ha trabajado en el proyecto “Narrativas y retóricas de las emociones: La guerra entre los soldados profesionales”. Su última publicación con Ana María Forero, Catalina Gonzalez y Felipe Zarate apareció en la Revista Latina de Comunicación Social.

Federico Álvarez Botero es historiador y antropólogo de la Universidad de los Andes. Sus intereses de investigación se inscriben en la historia y la antropología política. Ha trabajado en el Centro de Memoria Histórica.

Referencias

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